¡Pies para qué os quiero…!

No somos conscientes de que sobre nuestros pies reposa todo nuestro cuerpo y lógicamente, a más edad y más peso, más importancia tiene el cuidado de los mismos.

Pues sí y no. La edad escolar no está caracterizada principalmente por el exceso de peso (o no debería… más en otros posts) pero sin embargo, sí que es momento cumbre de la práctica de actividades deportivas, de crecimiento rápido, de desarrollo de estructuras óseas, musculares y articulares y por tanto, también de distintas patologías relacionadas.

Durante cada curso escolar, algunas de las clases de educación física, se desarrollan en el gimnasio. Debido a que favorece la práctica deportiva, previene lesiones y mejora la pisada al no tener resistencias entre el pie y el suelo, estas clases se realizan con los pies descalzos. A muchos de los padres les genera preocupación por el posible contagio de hongos, papilomas… pero también es cierto que lo mismo puede ocurrir en el gimnasio, la piscina de invierno o verano e incluso en nuestra propia casa si alguno de los miembros de la familia, contagia al resto.

La importancia de un adecuado cuidado de los pies estriba en la prevención de enfermedades. La enfermera escolar revisa los pies de los alumnos durante el año escolar e informa a los padres si ha encontrado alguna lesión susceptible de ser tratada o consultada con el pediatra, podólogo o dermatólogo. En caso afirmativo, el alumno deberá llevar calcetines puestos o bambas blancas blandas durante dichas clases en el gimnasio para evitar la propagación de dichas lesiones.

Esta acción preventiva no es suficiente. A los pies, hay que mimarlos y es muy importante dedicarles un tiempo diario después del baño. Las medidas principales de prevención estribarían en:

– Mantener limpios los pies (sin pelusas, sin manchas, sin líquidos)

– Mantenerlos secos y sobre todo los espacios interdigitales (entre los dedos) ; La humedad retenida en los pies, en contacto con la sudoración, propicia un ambiente apto para distintos microorganismos.

– Cambiar los calcetines al menos una vez al día.

– Hidratación de los pies con cremas si hay sequedad, descamación… Las cremas han de retener el agua para evitar que haya humedad en ellos y de nuevo, se favorezca el ambiente para los ” bichos”.

– Usar un calzado adecuado; de piel, anatómico, que se adecúe a la pisada de cada uno, que no quede muy grande ni demasiado apretado y sobre todo, que favorezca la transpiración del pie para evitar acumulación de sudor, mal olor, humedad… En el caso de los alumnos que tienen que traer zapatillas de deporte a diario, éstas deberían ser de piel.

– Cortar las uñas en recto sin que queden picos que puedan clavarse en la piel y por tanto, favorecer la infección como  los conocidos “uñeros” que pueden acabar siendo tratados con crema antibiótica.

 

El pie,es estudiado además en terapias naturales como la reflexología podal en la que se le considera como el reflejo de todo el cuerpo. Cada zona del pie se corresponde con una zona. Por ello, según esta terapia natural, al estimular o inhibir dicha zona, se afecta la parte correspondiente. No soy una experta en esa terapia, pero si alguien está interesado, puedo recomendarles a una terapeuta de reflexología.Además, es conveniente que se revisen los pies en la visita al pediatra como una rutina; hacer caminar al niño para ver si la pisada es correcta, si el puente del pie es adecuado, si hay lesiones compatibles con papilomas, pie de atleta ( hongos).

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