La verdadera vuelta al cole (Parte II)

Después de la primera parte de la verdadera vuelta al cole, vamos a profundizar en los otros dos hábitos importantes a tener en cuenta en la vuelta a la rutina: el sueño-descanso y el manejo del estrés y las emociones.

Cuando nos levantamos, los niveles de la hormona cortisol de nuestro organismo comienzan a elevarse, llegando a su pico máximo alrededor de las 12 del mediodía. Esta elevación nos indica que el día ha comenzado y que puede empezar la actividad. A partir de las 12 de la mañana, la hormona comienza a descender hasta que va cayendo el sol (es por ello que tenemos más energía en verano que en invierno al final del día) para indicarnos que el día está terminando y es hora de actividades más tranquilas y de dormir.

¿Qué ocurre cuando tenemos luz artificial hasta que llega la noche? El mensaje que le enviamos al cerebro es: “sigue con niveles altos de cortisol porque el día no ha terminado y tengo muchas cosas que hacer; necesito estar activo.” Además, el cortisol también se libera cuando hay estrés (sea físico o emocional) y en situaciones de enfermedad, que en definitiva es otro estrés para el organismo.

Este tipo de luz con tal mensaje no lo proporciona la lámpara de casa sino la luz azul de televisiones, pantallas de móvil, tablets… Y es por ello que cuando nos vamos a la cama, aunque estemos cansados, cuesta conciliar el sueño.

Cuando empieza a caer el sol, hay que modificar y adaptar las actividades para que sean más tranquilas y proporcionen descanso, no sólo a nivel físico sino también mental.

Es por ello, que se debe evitar el ejercicio físico intenso como los entrenamientos de los niños pasadas las 6 de la tarde. Al realizar ejercicio físico intenso, el organismo libera hormas de estrés como el cortisol, adrenalina y noradrenalina y si lo realizamos cuando ya ha caído el sol, la recuperación a la normalidad es más lenta y por ello, más difícil conciliar el sueño.

Igualmente, al ir a la cama, hay que evitar pantallas de cualquier tipo y animar a los niños a que realicen actividades más tranquilas como escuchar música o leer un libro ( o contárselo si aún son pequeños).

Los periodos de descanso y sueño deben ser reparadores y levantarse con la sensación de estar descansado. Durante el día, no tener la sensación de fatiga o sueño. En el caso de los niños, al menos 8 horas de sueño son necesarias aumentando hasta 10 cuando son más pequeños ( lactantes y recién nacidos puede llegar hasta 20 horas de sueño) y bajando a 6-7 en adolescentes y/o adultos según necesidades personales.

El sueño tiene función reparadora del sistema inmunitario (somos más propensos a ponernos enfermos si no dormimos lo suficiente, así que ojo con la preparación de los exámenes) y función de consolidación de la memoria. Todo lo aprendido durante el día queda en una capa superficial y si no dormimos, sin tal reparación, no llega a profundizar en capas del hipocampo y todo lo “aprendido”, se olvida.

Control de estrés y emociones

Creemos que el estrés es inevitable y que no podemos hacer nada para controlarlo pero la evidencia nos dice que hay técnicas de control del estrés muy eficaces como el deporte, pasear por el campo,la relajación a través de la respiración, el mindfulness o la conciencia plena,  o la meditación. Todas aquellas actividades hedónicas para el niño como pueda ser jugar, leer un libro, escuchar música o ver una película o aquellas que requieren más atención como dibujar, pintar, hacer un puzzle, plastilina o arcilla, construcciones… son adecuadas para controlar el estrés, para desconectar de estudiar durante muchas horas ( más de dos horas seguidas de estudio sin interrupción no demuestra eficacia) o para manejar las emociones.

 

 

¿Cómo controlar un enfado, una rabieta, la ira?

La herramienta más poderosa con la que todos contamos y la cual hay que aprender a estimular es la inteligencia emocional.

Saber cuáles son nuestras emociones y estados de ánimo y como controlarlos en cada momento, determinan el éxito personal y profesional en la vida más que el propio coeficiente intelectual (CI).

Cuando nuestro niño se enfada y no hay manera de calmarle, tenemos que enseñarle a identificar qué le ocurre y a verbalizarlo o si puede, incluso a escribirlo.

¿Por qué te sientes así? ¿ Qué sientes en tu cuerpo; calor, palpitaciones, nerviosismo, mareo…?

Verbalizar la situación y aún más escribirla, hace que el niño sea consciente de qué ha ocurrido. Al hacer consciente la emoción y pasar las reacciones primitivas de la amígdala al consciente, la situación se ve de otra manera y es más fácil tranquilizarse y relativizar la situación.

No hay que decir al niño que se no se preocupe o que sea feliz y no haga caso a lo que ocurre; negar la situación y el enfado sólo hace que se intensifiquen más las emociones y que en futuras ocasiones no sepa cómo resolver dicho conflicto; ya no sólo con quien haya tenido el problema, sino consigo mismo. Las rabietas no se calman con premios ni con chuches, porque recurrir a ese chantaje no ayuda en la resolución de dicho conflicto ni en el manejo de la emoción que está sintiendo.

En próximos posts hablaremos de cómo resolver otros conflictos como los pensamientos rumiantes o la preocupación por situaciones que aún no han ocurrido y de otras habilidades de la inteligencia emocional.

Gracias por leer,

Sandra.

 

 

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